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| Foto Herbrth Sierra Licona |
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Antes, en el viejo camino que conducía de Tegucigalpa a
Olancho, a poca distancia del caserío “San Antonio de Leche” existía un vado o
paso, sobre el río Grande, al que la
gente llamaba “Hernando López”. Probablemente, este haya sido un poblador local que se ahogó al intentar
cruzar el caudaloso río y la gente en su memoria, bautizó el paso con su
nombre. En 1881, un poblador de la zona, llamado Luciano Domínguez, solicitó
permiso para cruzar personas en canoa por el paso. En 1889, se
informaba de que la Municipalidad de
Tegucigalpa, se proponía abrir, dentro de muy poco, un camino que, pasando
cerca del lugar denominado San Antonio de Leche, conducía a “Hernando López,” evitándose, por este medio,
el paso del río, muy peligroso en invierno, en los puntos llamados El Guanábano
y Quigüire. El 30 de abril de 1898, el Gobernador Político del departamento, el
General Calixto Marín, anuncia la reparación del puente en mención. El 1 de
julio de 1900, el Diario de Honduras, anuncia como las crecidas aguas del Río
Grande, han destruido 4 puentes en la zona. El de Loarque, el “Hernando López”,
el de don Santos Soto y el de “Cececapa”. El 30 de junio de 1908, se anuncia
que el señor Presidente Dávila el señor
Alcalde de Tegucigalpa, Esteban Carías, visitaron el lugar para conocer el
mejor punto para construir de nuevo el puente “Hernando López”, cuya obra
costaría en ese tiempo, más de setenta mil pesos. El puente al final (ver foto)
se terminaría en 1927, pero la mala suerte seguiría pues en 1933, otra tremenda
crecida del Río Grande, arrancaría de
tajo el hermoso y fuerte puente de hierro.
El
autor agradece la colaboración informática del genealogista norteamericano Eric
Shwimmer y de don Amado Aguiluz Ferrari.