viernes, 19 de junio de 2015

VICENTE CACERES, TRIBUNO Y MAESTRO









 
Entierro de V. Cáceres, en Tegucigalpa.



Fue el pueblo de Minas de Oro, departamento de Comayagua, la cuna del profesor Vicente Cáceres. Nació el 27 de octubre de 1882, siendo sus padres la señora Purificación Cáceres y don Lorenzo Hernández. Su madre se trasladó a Tegucigalpa con el propósito de que su pequeño hijo recibiera la enseñanza elemental en una de las escuelas capitalinas; pero circunstancias especiales influyeron en doña Purificación para que realizara su regreso a Minas de Oro, en donde creció su hijo, asistiendo este a un modesto taller de zapatería en el cual adquirió el oficio de zapatero como lo fueron a mucha honra, los jóvenes de aquella laboriosa población.

El joven Cáceres de un espíritu inquieto y anhelante de superación, asistió a la escuela primaria  que dirigieron en el referido pueblo, verdaderos mentores de la niñez como don Manuel A. Suazo, nativo de Comayagua. Don Tomás Escoto, graduado en la ciudad de Guatemala y don Dionisio Soto, que aunque Maestro empírico poseía una magnifica preparación. La influencia de estos Maestros empíricos  fue decisiva en las altas aspiraciones de este joven que después de los años llegó a ocupar un puesto cimero en la docencia y n la política del país. Fue el ejemplo vivo  de sus maestros que despertó en él una verdadera vocación por el magisterio.

Con los conocimientos que se adquirían en la escuela, el joven Cáceres, en 1902, se hizo cargo de la escuela de Las Minas de San Antonio, aldea perteneciente al municipio  Minas de Oro. Como sucedió con la juventud en aquellos años de guerra intestina. Cáceres dejo la escuela para incorporarse a las huestes del  General Bonilla quien después llego a ocupar la Presidencia de la Republica. En el año siguiente, el maestro Cáceres desempeñó el cargo de Director de la Escuela de Varones de su ciudad natal, renunciado a ese puesto para ingresar, gozando merecidamente de una beca, a la Escuela Normal de Comayagüela, con el objeto de estudiar Magisterio.
Con brillantes notas fue envestido con el grado de Maestro de Educación Primaria el 8 de agosto de 1907 y pocos días después obtuvo su titulo que ostentó orgullosamente toda su vida, enalteciendo siempre, la noble profesión de Maestro.

La apacible ciudad de Yoro contó con uno de los grandes forjadores de la juventud, el Maestro Cáceres que ejerció el cargo de la Escuela de Varones durante el año de 1908 a 1910, dejando una estela inmarcesible de recuerdos que han perdurado a través de muchas generaciones. La carrera profesional en Cáceres fue realizada peldaño por peldaño; primero Maestro rural y luego Director de escuela urbana. Así vemos que en 1909 y 1913 se ausenta de Yoro, para desempeñar la Dirección de la Escuela de varones de Amapala. Su fama de excelente maestro había ya trascendido de la escuela primaria a un nivel superior. En 1914, en la administración del Presidente de la Republica Dr. Francisco Bertrand, fue nombrado Director de la escuela Normal de Occidente, fundada en la ciudad de La Esperanza, ejerciendo también las funciones de catedrático del mismo establecimiento en las asignaturas de Castellano, Pedagogía, Instrucción Cívica y Geometría. Atendió este cargo de Director de la referida Escuela Normal hasta el año de 1916. Ya en el año anterior, había desempeñado el puesto de Inspector de las Escuelas Primarias de la misma ciudad sin devengar sueldo.


En 1917, se trasladó a la ciudad de San Pedro Sula. Aquí sirvió como Director

de la Escuela de Varones N. 2 en el mismo año y al fusionarse las dos escuelas N.1 y N. 2, en una sola se le confió la Dirección en 1918. En este mismo año ejerció funciones de Director de la Escuela Nocturna.

Se separó de su puesto de Director de los establecimientos mencionados por haber aceptado el nombramiento de Inspector de Instrucción Primaria de los Departamentos de Atlántida, Colon e Islas de la Bahía, 1919.

Por razones políticas, el Profesor Cáceres, salió del país permaneciendo de 1920 a 1924 en El Salvador, Guatemala y México. En estos países desempeñó varios cargos educativos como Director de la Escuela de  Varones Padres Aguilares, de San Salvador.  Miembro del jurado que practicó exámenes de Pedagogía. Higiene Escolar, Moral e Instrucción Cívica en la Escuela de Complementación, en la misma ciudad  y delgado Examinador de las escuelas de nueve poblaciones del departamento de Santa Ana.

Formo parte de la Misión de Maestros Hondureños integrada además por los distinguidos profesores Miguel Morazán y Juan J. Castro . Esta Misión fue enviada a iniciativa del Dr. Salvador Corleto ante el señor Secretario de Educación Pública de Guatemala   Dr. José Guillermo Salazar en la administración presidencial de don Carlos Herrera. Los tres profesores hondureños firmaron un contrato con el señor Secretario ya citado para trabajar en el ramo de Instrucción Publica en los lugares y empleos que se les señalara.

Efectivamente el Profesor Vicente  Cáceres desempeño la Inspección Técnica de las Escuelas Nacionales de la ciudad de Guatemala.
Pero a causa del cambio político surgido, el Profesor Cáceres rescindió su contrato y se marchó a México.
Era Presidente Constitucional de la nación azteca, el general Álvaro Obregón y fungía como Secretario de Educación, el ilustre educador continental Lic. José Vasconcelos, gran Maestro, filósofo  y autor de libros notables. El Profesor Cáceres, como un autentico valor de la profesión de Magisterio, desempeñó varios cargos en el ramo educativo de aquel país como el Ayudante  de la Escuela Primaria, la escuela de igual categoría n. 77, etc. Inscribiéndose a la vez en la Facultad de Altos Estudios Pedagógicos de la Universidad, dirigida por el eminente educador Ezequiel H. Chávez.

A finales de 1922 se trasladó a Guatemala y en 1924 regresó a la patria prestando de nuevo sus valiosos servicios en el campo de la enseñanza. En 1925 se hizo cargo del puesto de Director e Inspector General de Enseñanza Primaria hasta el año 1928. El profesor Cáceres a su paso por este importante puesto, propició nuevos derroteros a la educación primaria del país. En uno de estos años sirvió las cátedras de Geografía Comercial y de Historia Antigua y Media del Instituto Nacional que dirigía el Ingeniero Norberto Guillén. Posteriormente, desempeñó las cátedras de Idioma Nacional, Aritmética Mercantil, Psicología, Pedagogía y  Zoología, en el colegio José Trinidad Reyes de San Pedro Sula.

En febrero de 1933, el Poder Ejecutivo, mediante Acuerdo, lo nombró Director del Instituto Nacional y Escuela de Comercio Anexa y en el mismo año por acuerdo del Ministerio de Educación la Escuela Normal Central de Varones, fue anexada al Instituto Nacional quedando bajo la propia dirección del profesor Cáceres. Por decreto del Congreso  Nacional, aquellas instituciones educativas se transformaron en el Instituto Normal de Varones siempre bajo la dirección del Profesor Cáceres.

Como un auténtico maestro, imprimió a la enseñanza el dinamismo que fue peculiar de él. Y por eso se dedicó a servir cátedras para dar ejemplo, como Moral y Urbanidad, Castellano, Historia de la Educación, durante cuatro años.
El hecho de que dos establecimientos de enseñanza  profesional como lo eran la Escuela Normal y la de aplicación al comercio estuvieran subordinadas a una de segunda enseñanza o preparatoria como lo era el Instituto Nacional hizo pensar al profesor Cáceres en que debía cambiarse los papeles como en efecto se hizo. La Normal va ahora en primer término y dentro de la denominación del Instituto Normal deben caer todos los centros de estudio Normal, de Bachillerato, Comercio, Secretariado, Industriales, etc.
En su condición de Director del Instituto Normal Central de Varones el Profesor Cáceres, supo poner muy en alto el prestigio de este establecimiento. Procuró siempre que el personal docente fuese de lo más idóneo y de moralidad reconocida y que la labor se desarrollara con toda regularidad lo que consiguió por el ejemplo que él mismo diera en toda ocasión.
Introdujo innovaciones provechosas en el servicio y hasta donde el medio y las circunstancias lo permitieron logró sus objetivos, porque tenía el raro don de la perseverancia.
Dejo organizada con los alumnos de los cursos superiores la agrupación que ideó para el mejoramiento de la expresión hablada y escrita a la que dio el nombre de Sociedad Pro Elocución, la que sigue dando muy buenos resultados.

Formó en el seno del Colegio, clubes de deportes y la Cruz Roja así como la Liga de Honor a la que pertenecieron los alumnos que por su buena conducta se hicieron  acreedores a tal distinción. La Liga como se comprenderá, fue establecida para estimular el buen comportamiento de los alumnos y la práctica por los mismos de acciones generosas, enmarcadas siempre en los mas altos principios de dignidad humana.

En los desfiles de las fiestas cívicas el Instituto Normal de Varones se hizo notar en primera línea por lo imponente de sus maniobras, por la perfecta uniformidad en sus movimientos y por el buen comportamiento en general. Y todo esto no fue más que el resultado de una buena dirección.

La revista “Cultura” fue fundada por el profesor Cáceres. En esta publicación mensual como órgano del Instituto Normal Central de Varones, se dio preferencia a los contenidos científicos y pedagógicos que sirvieron de orientación al personal docente al dar cabida a valiosos trabajos de la distinción de asignaturas. También tuvo preferencia la información de cuantas actividades educativas realizaban los profesores y alumnos.

De mucha prestancia no solo profesional sino política y social el Profesor Vicente Cáceres, se destacó en la vida pública haciendo resaltar su indiscutible capacidad como maestro, parlamentario, orador, escritor. En el Congreso Nacional tuvo lucida actuación defendiendo las causas justas, sus argumentos, fueron demoledores y convincentes. Le tocó actuar como representantes del pueblo en un tiempo cuando aun llegaban hombres a la Cámara Legislativa, con encendido verbo y cuando los problemas nacionales se discutían con amplitud democrática para lo cual forzosamente, el Diputado debía tener dominio en los medios persuasivos parlamentarios.
El Diputado Cáceres llenaba a cabalidad el orgullo de pertenecer a las falanges del Magisterio nacional, como otros tantos Maestros que ocuparon curules para enaltecerlas.
Aunque no escribió ningún libro, sus enseñanzas estuvieron nutridas de las ideas de los principios más avanzados en materia pedagógica. Sus discursos frente a la juventud que se plasmaba en sus manos, fueron las mas ardientes exhortaciones clamando por la superación de las generaciones como baluartes de la grandeza de la patria.
Muchas veces fue objeto de censura despiadada por la firmeza de su convicción que no admitía ninguna vacilación.
A veces daba la impresión de inclinarse al rígido militarismo por sus procedimientos que en todo tiempo siempre estuvieron como meta, la formación perpendicular y completa de los jóvenes. Hoy se reconocen sus

grandes meritos de organización y conductor de la juventud
En su alocución de apertura de clases el 1 de Junio de 1944 decía: pocas palabras os diré en el sentido de que a cada momento, a cada instante, sepáis conduciros en vuestros actos como caballeros. Un caballero es un ser inteligente, moral y de carácter  que sirve de modelo a la colectividad de que forma parte. No pierdan ocasión, en que no sirva de ejemplo para la ejecución de acciones nobles y recomendables sed caballeros por siempre.
Contrajo matrimonio con la dama Anita Tinoco en la ciudad de Yoro, procreando tres hijos: Ela, Selmira y Francisco. De su segundo matrimonio con la Profa. Lidia Galindo, tuvo un hijo, César. Fue amoroso padre y esposo ejemplar, un ciudadano íntegro, un amigo sincero y franco. Sus convicciones tanto en su profesión como en política, fueron rectas y firmes  tal como son los hombres de alto nivel espiritual.
El fallecimiento del profesor Cáceres- 25 de octubre de 1944, en Ocotepeque, en un accidente de avión- consternó profundamente a sus amigos, compañeros y a sus alumnos,  no solamente en la capital si no en todo el país. La Patria perdió a uno de sus mejores hijos.
El Magisterio lo recuerda con respeto y admiración.  Por eso en la encuesta patrocinada por la Dirección General de Educación Media, ocupó el primer lugar, mereciendo, en tal virtud, la distinción de que sea su nombre, el de la promoción de 1969.



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