jueves, 8 de agosto de 2013

DON JULIO VILLARS, 1865-1936

Don Julio Villars (foto E. Soriano)




Los Funerales de don Manuel, 1936 (foto J. Amaya)




Otro aspecto de los funerales, 1936 (foto J. Amaya)



Nació en 1865 en el poblado de Evilard, Suiza y se educó en Bienne en la Escuela Mecánica de esa ciudad pasando después a especializarse en la Escuela Elecrotécnica de Zúrich.
Muy joven, cuando apenas contaba con 22 años, fue contratado en 1887 por la compañía minera Zurcher & Streber que operaba en San José de Yuscarán para instalar un sistema de comunicación telefónica.
Por sus amplios conocimientos, la empresa minera New York & Rosario Mining Company le contrató años después para instalar en las minas y en el poblado de San Juancito el primer generador de energía eléctrica en nuestro país.
La habilidad y la capacidad del señor Villars, llamó la atención del presidente de la República general Luis Bográn Baraona y lo contrató para establecerse en la capital para fundar y dirigir la Escuela de Artes y Oficios.
En el gobierno del doctor Policarpo Bonilla Vásquez, don Julio ya contaba en la Escuela de Artes y Oficios con asistentes técnicos que llegaron de Suiza y en 1898 comenzó a realizar ensayos para instalar energía eléctrica en la capital hondureña.
En junio de ese año al tomar posesión de la Presidencia de Honduras el general Terencio Sierra Romero, en la noche de ese día 2 de junio, se estrenaron en el Palacio Nacional tres focos de arco instalados por el señor Villars, cuya energía se generó en un pequeño motor que sólo tenía capacidad para iluminar con esos tres focos.
Los experimentos continuaron y comenzó a trabajar para instalar una planta generadora que instaló a orillas del río Chiquito en una casa contigua a la Penitenciaría Nacional, proyecto que culminó con el alumbrado público para Tegucigalpa en la zona de la plaza Central y casas aledañas en el año de 1907.
Don Julio era un incansable técnico que con empeño se dedicaba a las labores del modernismo de la época, en 1906 cuando la crecida del río Grande se llevó los arcos de aproximación del puente Mallol en la ribera de Comayagüela, don Julio Villars instaló de emergencia un sistema de garrocha con una canasta para trasladar personas de un lado a otro mientras se reparaba el puente dañado 
Otro singular aporte de don Julio fue la instalación de los primeros teléfonos en la capital cuando contratado en 1898 por don Ricardo Streber comunicó la casa de este influyente hombre de negocios ubicada en el Barrio Abajo con una casa de campo que mantenía en la zona alta del sector conocido como Las Delicias.
El éxito de esa instalación motivó a don Santos Soto para que le hiciera un tendido desde su negocio, la Casa Soto frente a la Plaza La Merced a su residencia, que por ese entonces tenía ubicada frente a la Plaza San Francisco.
Los dos proyectos anteriores sirvieron para que en 1899 don Marcial Molina le confiara al señor Villars un sistema de comunicación telefónica entre el barrio La Moncada donde vivía y tenía su negocio hasta una hacienda que se encontraba en el sector conocido como La Labranza en las proximidades de la aldea Río Hondo.
Pero el nombre de Julio Villars queda grabado con un acontecimiento histórico registrado el 26 de marzo de 1905 cuando entra a Tegucigalpa con el primer automóvil que rodó por las empedradas calles de la capital hondureña y que condujo desde San Lorenzo por la estrecha y polvorienta carretera por la que transitaban carretas, diligencias y bestias de carga.
La llegada de aquel portento de la ingeniería automotriz de principios del siglo XX, fue el estelar evento en la vida de don Julio Villars y es posible que más se le recuerde por ese acontecimiento 
Pero no podemos obviar su protagonismo en la industria ya que él fue accionista de la firma Villars-Drexel propietaria de la fábrica “La Económica” donde se producían velas de cera y jabones para lavar ropa y se daba mantenimiento a motores en los talleres electromecánicos que atendía con técnicos que él preparaba para tal fin.
Doce fueron los hijos que procreó el ciudadano que llegó en plena juventud a Honduras, cinco de ellos se radicaron en Suiza y los otros siete en nuestro país entre quien recordamos a “Chito Villars” por ser un asiduo visitante de la HRN cuando a principios de los años cincuenta comenzamos nuestra carrera en la radiodifusión nacional.
Don Julio, agobiado por su vida de intenso trabajo, comenzó a resentir problemas en su salud cuando contaba con 71 años de edad y se trasladó para atención médica a la ciudad de Rochester, Estados Unidos de América donde operaba uno de los más reconocidos centros médicos de esa nación, la Clínica de los Hermanos Mayo.
Imposible resultó para los galenos recuperarlo de sus afecciones, falleciendo un 26 de septiembre de 1936 y su última voluntad fue que sus restos descansaran en la tierra que se convirtió en su segunda patria, Honduras.
En una de esas viejas tumbas del Cementerio General de Tegucigalpa reposa para la eternidad el hombre que contribuyó a iluminar en el siglo de las luces a San Juancito y Tegucigalpa, a comunicarse por el teléfono a los negocios mineros de Yuscarán y a los pudientes de la capital y al primer conductor de un vehículo automotor que llegó a la noble ciudad de las canteras.( NAHÚN VALLADARES y VALLADARES, LA TRIBUNA)

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